martes, diciembre 12, 2006

Una verdad Incómoda (para Gore)

Por vía del blog NO ME PARECE, de José Benegas, me llega este artículo de un epidemiólogo del Instituto Pasteur, desmintiendo varias de las afirmaciones del documental propagandístico de Al-armista Gore.

A Gore le faltan pruebas

Por Paul Reiter
Para LA NACION

Considero a Al Gore un hombre honesto. Incluso hubiera votado por él de haber tenido la oportunidad. Aun así, a mi gusto su debut en la pantalla grande con su cruzada contra el calentamiento global en La verdad incómoda es sintomático de una nueva ideología basada en la ciencia para promover una agenda.

En nuestra era de la información, el conocimiento popular sobre temas científicos –especialmente sobre temas de salud y medio ambiente–se ve inundado por una marea de desinformación, la mayoría de ella presentada con la jerga de científicos profesionales.

En el caso de la nueva película de Gore [N. de la R.: se estrenó esta semana en los cines de la Capital Federal] se muestra toda una colección de sus sentimientos más profundos, de sus declaraciones poéticas, con una sinceridad aparente sobre el deseo de salvar al mundo de un apocalipsis inminente.

Gore afirma repetidamente que existe un consenso entre los principales científicos del mundo acerca de la idea de que la Tierra se dirige a un Armageddón. Más allá de su tono emocional, ¿apoyan sus ejemplos esta afirmación?

No soy climatólogo, así que no escribo sobre el clima, pero por más de treinta años he trabajado como investigador científico especializado en la ecología y en las enfermedades que se transmiten por mosquitos –malaria, fiebre amarilla, dengue, entre otras–, así que puedo pedir que se me reconozca cierta autoridad en estos temas.

Hace aproximadamente catorce años, un pequeño grupo de personas desconocidas en mi área de estudios empezó a publicar artículos apocalípticos –especialmente, en la prensa popular– afirmando que zonas templadas de Europa y de América estaban siendo amenazadas con “enfermedades tropicales” debido al calentamiento global, y que estas mismas enfermedades estaban subiendo a las montañas de los países centroamericanos. No había la más mínima evidencia para apoyar semejantes afirmaciones.

A pesar de varias desmentidas y aclaraciones, realizadas por este autor y sus colegas, ahora parece formar parte del conocimiento popular que estas enfermedades están avanzando. Incluso Gore lo dice.

Por ejemplo, afirma que Nairobi, en Kenia, fue fundada a gran altura con el fin de evitar la malaria, algo que, simplemente, no es cierto. Ubicada a mitad de camino entre Mombasa y Kampala, Nairobi fue un lugar pantanoso e infestado de malaria, donde los masai daban agua a sus manadas. Luego se convirtió en un centro de comercio. De hecho, a 1500 metros de altura, Nairobi está por debajo de la altura máxima de 2250 metros donde la malaria ha sido registrada en Kenia.

Los científicos de mi área no están solos: esta historia ha sido repetida en un sinnúmero de disciplinas científicas cuando los políticos y los ambientalistas alarmistas han tomado un papel protagónico para crear y promover la desinformación.

En muchos casos, las percepciones públicas han sido manipuladas descaradamente con pronunciamientos “científicos” emotivos. Los ambientalistas le añaden un tono de peligro y urgencia con el fin de llamar la atención de la prensa. Su habilidad en promover hechos “científicos” hace a un lado las complejidades de los temas tratados y es una influencia poderosa sobre la educación, la opinión pública y el proceso político.

Estas nociones son a menudo reforzadas por la prensa masiva, la cual destaca cualquier artículo científico que parezca apoyar sus pronunciamientos. Los científicos que desautorizan a los alarmistas rara vez reciben una oportunidad frente a las cámaras. Cuando lo logran, son presentados como escépticos al servicio de las corporaciones.

Los argumentos de Gore sufren de una falla fundamental. El consenso es cosa de políticos, no de la ciencia. Esta procede con la observación, la hipótesis y la experimentación. Los científicos profesionales no sacan conclusiones firmes de un simple artículo, sino que comparan su contenido con lo que dicen otras publicaciones y con su propia experiencia, con su conocimiento y sus investigaciones.

En realidad, una preocupación genuina por la humanidad y el ambiente demanda investigación, exactitud y una cuota de escepticismo que es propia de la ciencia auténtica. El público que no está al tanto de esto es vulnerable al abuso.

El autor es director de la Unidad de Insectos y Enfermedades Infecciosas en el Instituto Pasteur de París. Trabajó durante 22 años en el Centro de Control y Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos.

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3 Comments:

At 15:54, Blogger Francisco J. Ibero said...

Gore ha recibido tantos golpes que ya no le queda nada.Pero seguro que no le importa.Lo importante es asustar.Después de todo,casi nadie lee informes científicos.

 
At 22:42, Anonymous Anónimo said...

la negacion de la verdad se hizo para los estupidos que no pueden ver mas allá de sus narices, vayan dejando el automovil y ponganse a caminar patanes.

 
At 18:09, Blogger Jaime Raúl Molina said...

¡Qué profundidad académica la del anterior comentario anónimo!

 

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