viernes, agosto 25, 2006

Las mentiras del desarrollo y lo Políticamente Correcto

Artículo por Ricardo Soto, de la Fundación Libertad (Panamá).

Sobre el tema de la pobreza en las áreas indígenas alguien escribió el siguiente comentario:

Uno de los argumentos tradicionales para excluir a las poblaciones indígenas es la tesis de que su propia cultura juega en contra del avance de esas comunidades. El argumento, además de poco respetuoso, es falaz. Cada pueblo tiene derecho a su propia conformación cultural y es, precisamente, el avance socioeconómico el que hace evolucionar las tradiciones.”

Debemos notar que el editorialista considera que el pensar que la cultura inicie en el desarrollo socioeconómico es “poco respetuoso” o sea políticamente incorrecto. Además añade que es falaz porque el avance socioeconómico es el que hace evolucionar las tradiciones. No aporta pruebas de esto último, pero me imagino que debe haber por lo menos estudiado a Marx, ese campeón de poner la carreta antes que los bueyes para sugerir que son las estructuras económicas las que condicionan las estructuras culturales. El problema es que aquí está la verdadera falacia. Todo lo estudiado por las ciencias naturales (de las cuales las ciencias sociales, de la mano de Rosseau y Marx parecen cada vez mas divorciadas) apunta a lo contrario. Los animales más inteligentes, como por ejemplo, lobos, orcas, primates, tienen una capacidad de adaptarse al medio ambiente que no proviene de los instintos sino de la inteligencia. La habilidad de estos animales de pasar estos conocimientos aprendidos a sus hijos por generaciones es la base de lo que los humanos llamamos cultura. Claro que los humanos, desde hace aproximadamente 70,000 años tienen la capacidad única de transmitir estos conocimientos mediante el lenguaje abstracto, creando las ideologías, las ciencias, las literaturas y las religiones. Éstas como fenómenos humanos son muy complejas y profundas, pero no podemos negar que surgen de la necesidad de los grupos humanos de adaptarse al medio ambiente y pasar sus conocimientos a las siguientes generaciones. El desarrollo socioeconómico no surge de la nada, surge de que ciertas culturas han logrado, por razones que todavía no comprendemos del todo, adaptarse con mayor eficacia su entorno para solucionar sus problemas. Es la cultura la cual provoca el desarrollo socioeconómico. Fueron los valores culturales europeos, en los cuales factores ambientales y de población aleatorios incidieron, los cuales permitieron el elevado nivel de desarrollo de los países del norte de Europa, Norte América, Australia y Nueva Zelanda. Es la extraordinaria capacidad de los países del Extremo Oriente como el Japón, Corea del Sur y China de traducir estas soluciones a su cultura la que los ha llevado por la vía del desarrollo.

Pero claro, la ONU no pude públicamente aceptar que unas culturas son más proclives al desarrollo económico que otras. Sería reconocer que el poder de las burocracias de la ONU para contribuir al desarrollo socioeconómico de lo pueblos es limitado. Nótese cómo los conceptos de la ONU de desarrollo humano y desarrollo sostenible invariablemente involucran un elevado nivel de intervención estatal y de control burocrático sobre las poblaciones. Significaría además poner punto final al victimismo que permea el discurso de la ayuda para el desarrollo.

No se puede asumir que una cultura desarrollada alrededor de la caza y la recolección o de la agricultura de subsistencia pueda pasar a construir una sociedad industrial o de información sin que existan cambios substanciales dentro de la misma. El asumir que cada “pueblo” tiene derecho a su identidad cultural, pero al mismo tiempo derecho al desarrollo económico, construcción cultural propia de la cultura occidental o de su no-yo marxista, es contradictorio. Para que una cultura no occidental pueda aspirar a tener un nivel de desarrollo socioeconómico similar a los de Occidente tiene que por lo menos traducir y asimilar ideas, valores e instituciones de Occidente. El problema de la pobreza involucra necesariamente el problema de la cultura, especialmente en el tema del derecho de propiedad, el respeto por los individuos, la racionalidad científica, la idea misma de progreso y de tiempo lineal.

Afirmar lo contrario es un racismo condescendiente que ve a las poblaciones indígenas como una especie de museo humano que deben ser preservadas como están, congeladas por siempre en el tiempo. Y al igual que los museos, están administrados por funcionarios que saben qué es lo mejor para sus piezas de exhibición. Que no quieren que los indígenas sean dueños realmente de la tierra, porque la podrían vender o hipotecar. Que no quieren que su cultura cambie, porque las piezas de exhibición no deben cambiar.

El autor es miembro de la Fundación Libertad.