jueves, agosto 17, 2006

La extraña lógica antiarmas de Kirchner

José Benegas nos reporta que el gobierno de Kirchner está lanzando un plan de esos muy populares entre los socialistas de todas partes: desarmar a la sociedad.

Ahora, la definición más simple de delincuente que se me puede ocurrir es ésta: persona que viola la ley penal (obviamente a sabiendas).
La viola simplemente porque no le interesan los derechos ajenos, ni mucho menos la ley.

Por alguna razón, los idealistas del movimiento anti-armas siempre piensan que por alguna mágica metamorfosis, esos mismos delincuentes que matan, roban, violan, sin importarles un cuerno con los derechos ajenos y la ley, se transformarán en ciudadanos modelo que cumplen al pie de la letra con la ley cuando ésta decrete "entreguen sus armas". Es una lógica cuya inteligencia se me escapa irremediablemente.

Ahora, aunque mis lectores saben que soy un firme defensor del derecho natural de las personas a defenderse de la agresión externa, derecho que obviamente implica la facultad accesoria para tener los medios para ejercerlo (sin lo cual se convertiría en otro más de esos "derechos" vacíos que tienen las personas en los sistemas socialistas, dado que todo derecho implica los medios para ejercerlo, pero en socialismo usted no tiene propiedad sobre ningún "medio" de nada, pues todo es del Partido, eh, perdón, del "colectivo"). Decía, que aunque soy un firme defensor del derecho a tener armas de fuego, puedo respetar a quien, aún en desacuerdo conmigo, sea consistente con lo que dice son sus principios.

Por eso, espero con ansias el anuncio del gobierno de Kirchner en sentido de que darán el ejemplo desarmando a todos los guardaespaldas de todos los funcionarios, comenzando por los guardaespaldas del mismo Kirchner. Y la guardia presidencial, y los agentes de seguridad estatal también. ¿Las armas son un problema? Pues sean consistentes y comiencen dando el ejemplo.

No sé por qué tengo la impresión de que, para variar, el ideal socialistoide de una sociedad desarmada es uno muy relativo. Como siempre en todo sistema socialista, todos los hombres son iguales, pero algunos son más iguales que otros.