miércoles, agosto 16, 2006

HANSON: Reglas surrealistas

De Víctor Davis Hanson llega este buen artículo, que me he tomado la tarea de traducir.

Previo al 11 de septiembre (de 2001), el consenso general era que los ejércitos convencionales de Oriente Medio eran tigres de papel y que sus alternativas terroristas eran “atentidas” mejor por medio de bombardeos a distancia –como en Líbano, Afganistán, Irak, Africa oriental, etc.- y luego dejarlos a lidiar con sus propios escombros.

Luego, después del 11 de septiembre, Occidente adoptó un cambio necesario de estrategia que involucraba cambios de régimen y la necesidad para ganarse los “corazones y mentes”, para asegurar que algo mejor se establecía en el lugar dejado por el depuesto dictador o teócrata. Ello necesitaba de cercanos encuentros con terroristas en su propio territorio urbano. Luego de los últimos cuatro años, hemos aprendido lo difícil que esta lucha puede ser, especialmente a la luz de los tipos de armamento que quinientos billones de dólares en ingresos extra de petróleo pueden comprar, cuando el petróleo aumentó de $20 el barril a casi $80 en los últimos años. Para lidiar mejor con ciertas dificultades que hemos encontrado en estas batallas hasta ahora, quizás los Estados Unidos deban adoptar las siguientes reglas surreales de guerra.

1. Cualquier muerte –enemiga o amiga, accidental o deliberada, civil o militar- favorece a los terroristas. Los Islamistas no tienen dilemas morales; los occidentales sí, y lo muestran a cada hora. Así, en una extraña manera, las imágenes de los muertos y moribundos son atribuidas únicamente a nuestras fallas. Si los muertos son de nuestro lado, ello se debe a que aquellos en el poder no fueron cuidadosos (blindajes corporales inadecuados, vehículos sin blindaje, etc.), muy probablemente debido a alguna supuesta conspiración (enriquecimiento de Halliburton, sangre por petróleo, guerras por Israel, etc.). Cuando los enemigos musulmanes son los muertos, ya sea por designio o por accidente, todo el arsenal del pensamiento occidental postmoderno entra en juego. Dado que al tener los Estados Unidos tanto poder sobre la vida y la muerte, el enemigo aparece ante el mundo como débil, simpático, y victimizado; nosotros somos fuertes y opresores. Los terroristas son aún “construidos” como “los otros” y por tanto son vistos como en sufrimiento –fotos alteradas o no- a través del sombrío prisma del colonialismo, racismo e imperialismo occidental.

En pocas palabras, no es solamente que la opinión pública occidental no tolerará muchas bajas; tampoco tolerará por mucho tiempo los muertos del enemigo –a menos que los beligerantes sean algo como los blancos, europeos cristianos de la Serbia de Milosevic, quienes, afortunadamente para los planificadores de guerra de la OTAN en los Balcanes, no podían buscar refugio detrás de paradigma políticamente correcto alguno y por tanto podían ser bombardeados con impunidad. Recuerde, el multiculturalismo siempre opaca al fascismo: el peor homófobo, el teócrata intolerante, y el machista misógino es siempre objeto de simpatía si usa alguna prenda de vestir del tercer mundo, vocifera antiamericanismo, y físicamente tiene aspecto de no-europeo. Para ganar estas guerras, nuestros soldados no deben morir ni matar.

2. Toda la cobertura mediática de los combates en el Medio Oriente es en última instancia hostil –y por una variedad de razones. Desde la década de 1960 demasiados reporteros han visto su misión como algo más que recopilación desinteresada de noticias, y más bien como misioneros: ellos buscan contrarrestar las ventajas de la estructura de poder capitalista occidental por medio de la preparación de las noticias en tal forma que nos muestre a las víctimas de una élite afluente y generadora de riquezas. En segundo lugar, lombates son lejos de casa y peligrosos. Critique a las fuerzas armadas de los Estados Unidos, y podrá sufrir malas miradas como el precio a pagar por ganar el Pulitzer; critique a Hezbollah o Hamas y usted puede terminar decapitado a la orilla de la carretera. Tercero, en el Sur de Líbano o la Zona Verde, siempre es más seguro subcontratar la historia o las fotos a manipuladores locales, cuyas simpatías están usualmente con el enemigo. Una foto manipulada que exagera los “crímenes de guerra” israelíes causa una minicontroversia por un día o dos acá en los Estados Unidos; una foto que exagere las atrocidades de Hezbollah trae como premio un cohete RPG entrando por la ventana de tu habitación de hotel. Para ganar estas guerras, no debe haber noticias sobre ellas.

3. La oposición –ya sea una figura del establishment como Howard Dean o un activista como Cindy Sheehan- en última instancia prefiere que gane el enemigo. En su modo de pensar, hay tal reserva de fuerza en America que ningún enemigo puede vencernos en nuestro patio y quitarnos nuestros lattés de Starbucks, iPods, Reeboks o nuestros planes de jubilación. Pero el ser contrarrestados en guerras “opcionales” en Irak, o el ver a Israel tropezar en Líbano, tiene sus ventajas: un George Bush y sus conservadores siendo humillados; el complejo militar industrial aprende a ser un poquito más humilde; y se calma un poco el sentimiento de culpa por vivir en un próspero suburbio occidental. Cuando un Jimmy Carter o Bill Clinton –a diferencia de Nixon, Reagan o Bush- envía helicópteros o bombas al desierto de Medio Oriente, es siempre como una medida de último recurso y con mucha reluctancia, y por tanto puede ser reticentemente respaldada. Para ganar estas guerras, un liberal Demócrata debe pelearlas.

4. Los europeos han mostrado poca moralidad, pero mucha influencia, en el mundo y aquí en América durante las guerras de Medio Oriente. Los europeos, quienes ayudaron a bombardear Belgrado, ahora condenan fácilmente a Israel por sus incursiones en Beirut. Ellos vendieron a Saddam sus búnqueres y su reactor, y a cambio ganaron concesiones petroleras muy jugosas. Irán no podría construir una bomba si las herramientas rusas y europeas. Irán no solamente no está en ninguna lista seria de embargo europea; gran parte del armamento crítico para Hezbollah fue comprado a través de mercaderes de armas europeos. Y si ellos son consistentes con su disposición a hacer negocios con cualquier tirano, los europeos también conocen cómo dispersar ayuda o dinero en Oriente Medio, para asegurar alguna protección y un rol prominente en cualquier conferencia de postguerra. Si hubiéramos permitido a los muy dispuestos europeos a participar en los contratos postbellum en Irak, hubieran silenciado sus críticas considerablemente. Para ganar estas guerras, debemos ganarnos primero a los europeos por vía de garantizarles que puede obtener una ganancia.

5. Para pelear en Oriente Medio, los Estados Unidos deben enlistar a China, Rusia, Europa o cualquier nación en el mundo árabe para pelear sus guerras. China ha matado miles de personas en el Tíbet en una guerra sangrienta que ha llevado a la ocupación y anexación. Rusia ha aplanado Grozny y obliterado chechenos. Los europeos ayudaron a bombardear Belgrado, donde cientos de vidas civiles fueron perdidas como “daño colateral.” Los egipcios han gasificado a los yemeníes; los iraquíes han gasificado a los kurdos; los iraquíes han gasificado iraníes; sirios han asesinado miles de hombres, mujeres y niños en Hama; los jordanos han masacrado miles de palestinos. Ninguno recibió ninguna condena global duradera, si es que recibió alguna. En el enfermo cálculo moral de la atención mundial, un terrorista que comete suicidio en Guantánamo siempre amerita al menos 500 kurdos, 1,000 chechenos, o 10,000 tibetanos. Para ganar estas guerras, debemos subcontratar el trabajo a aquellos que pueden llevarlo a cabo con impunidad.

6. El tiempo es siempre un enemigo. La mayoría de los occidentales son de poca atención para la crítica si se despiertan en la mañana para enterarse que sus fuerzas armadas han bombardeado a Saddam o enviado un misíl a Afganistán –y la guerra ha comenzado y terminado completa mientras ellos dormían. En contraste, 6-8 semanas –más o menos la duración de la guerra de Afganistán o de los Balcanes- es el límite de nuestra paciencia. Luego de eso, los americanos se vuelven tan sensitivos a la crítica global que comienzan a odiarse a sí mismos tanto como otros los odian. Para ganar estas guerras, deben acabarse en 24 horas –pero en todo caso no más de 8 semanas.

Ridículas, dirá usted, son estas reglas. Por supuesto, pero no tan absurdas como las guerras que ahora libramos en Medio Oriente.