lunes, mayo 15, 2006

La religión marxista

Es clásica y conocidísima universalmente la animadversión que existe entre marxistas y religión. La religión es el opio de los pueblos, dicen ellos.

Pues, contrario a lo que ellos creen, son de lo más religioso que hay. Lo que ocurre es que aunque ellos se creen liberados de la religión, lo que hicieron realmente fue suplantar la religión tradicional europea (Cristianismo), con su propia nueva religión.

Pero incluso su nueva religión tiene en términos generales la misma estructura del Cristianismo. Como diría Carl Jung, hay ciertos arquetipos que vienen preprogramados en el disco duro de la psique humana y que son extremadamente difíciles (si es que no imposibles) de superar, por más que uno crea que está inventando algo novísimo.

Veamos:

El Edén marxista

Casi todas las religiones parten de un mito creacionista que, si uno observa detenidamente, tiene el mismo patrón en todas ellas. En el inicio cuando el Hombre fue creado, había un paraíso en el que no había que trabajar para comer ni proveerse las necesidades humanas. Bastaba con extender perezosamente la mano para obtener las riquezas que el mundo proveía de manera gratuita.

Los judíos lo llamaron Edén. Los cristianos, obviamente, han mantenido el Génesis judío en el cánon de la Biblia.

Pues bien. El Edén de los marxistas viene reflejado en el mito del noble salvaje. Antes que hubiera propiedad privada y el Hombre inventara la explotación de unos individuos por otros, la vida en la Tierra era lo más apacible que pueda uno imaginarse. Los bienes eran abundantes y gratuitos.

Es el pecado original de la propiedad privada lo que dio origen a esa explotación del hombre por el hombre. Una vez que sea abolida la propiedad privada, se acabarán todos los males de la Humanidad, porque se habrá erradicado la fuente de toda injusticia.

El pecado original marxista

Obviamente, la propiedad privada. Como acabo de indicar, el paraíso del noble salvaje se vió interrumpido cuando algún malvado individuo ancestro de todos nosotros inventó la propiedad privada y con ello la explotación de unos por otros.

La invención de la propiedad privada reemplaza entonces en la teología marxista, lo que en la tradición judeocristiana representa el acto de Adán y Eva de haber comido del árbol del Conocimiento.

El Profeta marxista

Los judíos tienen a Moisés como quien reveló la ley divina a su pueblo. Los cristianos también reconocen a Moisés como profeta, pero además tienen a Jesús de Nazareth como el Mesías. Para los marxistas, pues como el mismo nombre lo dice: Marx. Él fue el profeta que vino a dar la buena nueva de que en el futuro nos espera un paraíso donde no habrá explotación ni sufrimiento de ninguna clase.

El Pueblo elegido marxista

Para el Judaísmo, es el pueblo de Israel. El Cristianismo dice que los mansos heredarán la Tierra. Para los marxistas, el pueblo elegido es, por supuesto, el Proletariado.

El Plan Divino marxista

Toda la historia humana es, en la tradición judeocristiana, la concreción del plan de Dios. Incluso toda la maldad cometida por los hombres a instancias del maligno, son de ocurrencia necesaria para que el plan divino se desarrolle plenamente y se haga la voluntad de Dios. El Libre Albedrío humano existe, pero en realidad aunque el individuo actúa libremente, no puede evitar realizar el plan de Dios.

Los marxistas tienen su versión de esto mismo: se llama Materialismo Dialéctico. La historia humana es lineal, y sigue un patrón determinado necesariamente por los métodos y estructuras de producción. La historia humana es la sucesión de hechos determinados por esas estructuras de producción. Las personas actúan, sí, pero sus actos vienen determinados por el papel que juegan dentro de la estructura de producción. Si una persona es de una clase productiva determinada, actuará irremediablemente de acuerdo a la conciencia de dicha clase y no puede escapar a ello. Incluso cuando una persona de determinada clase actúa de manera que parece contraria a como lo determina su conciencia de clase, en realidad dicha contradicción es sólo aparente y responde a una razón de clase.

El Materialismo Dialéctico es la voluntad divina. Das Kapital es el texto sagrado, que tiene también su Libro de Revelaciones.

El Apocalipsis y el Juicio Final

Lo que en la tradición judeocristiana es la segunda venida del Mesías, tiene su equivalente en el marxismo en el advenimiento de la dictadura del Proletariado.

Antes de dicha llegada, por supuesto, en la tradición judeocristiana hay un período largo de reinado del Mal. Satanás reinará mil años en todo el mundo, preparando la llegada del Mesías.

Pues en el marxismo también hay un período de reinado del Mal que precede inmediatamente la segunda venida del Mesías. Ese período de reinado del Mal se llama Capitalismo. Es un período difícil, pero que anuncia que el fin de los tiempos está cerca.

Luego del advenimiento de la dictadura del Proletariado (la segunda venida del Mesías), vendrá el Juicio Final, y es allí donde todas las almas serán juzgadas. Sólo los justos serán absueltos. Bueno, en el marxismo la dictadura del Proletariado acabará con los capitalistas y todos los enemigos del Proletariado (a juzgar por los ejemplos de la Revolución Rusa, las hechuras de Mao Zedong, y las diabluras de Pol Pot, la dictadura del Proletariado es inigualablemente efectiva a la hora de acabar con los enemigos de la revolución).

Y por último, luego del Juicio Final, se hará realidad la promesa de vida eterna sin dolor de ninguna clase. Para el marxismo, esto se manifiesta en que dejará de haber escasez, y todas las necesidades serán provistas por la maravilla del socialismo, cuando ya el Mal (la propiedad privada) haya sido abolido.

Conclusión

Es evidente que los arquetipos se mantienen. Los marxistas lo que han hecho es usar el mismo esqueleto para poner sus propios ídolos. La próxima vez que escuche usted a un marxista burlarse de la religión, sepa que está ante un pobre iluso más religioso que el Papa, sólo que no lo sabe. Lo que él cree que es una "ley" científica, el de la inevitabilidad del Comunismo como destino de la Humanidad, no es más que una superstición. Superstición, además, sumamente conducente al Mal, como lo atestiguan los Gulags y demás “logros” del experimento socialista del Siglo XX.

2 Comments:

At 17:39, Blogger セルヒオ said...

...mmm... interesante... entonces significa que nos quedan unos 800 años de capitalismo hasta que llegue la salvación... mejor me vuelvo budista... :P

...adiosito...

 
At 17:16, Blogger Francisco J. Ibero said...

No en balde Marx provenía de una familia con una gran cantidad de rabinos.

 

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