lunes, marzo 13, 2006

Breve: corrección de mi vaticinio sobre la Constitución Europea

El año pasado, cuando resonaron los “NO” de los referendos en Francia y Holanda para ratificar el documento socialista ése, me alegré y vaticiné que sería probablemente el fin del proyecto (de Constitución Europea). Debo ahora decir que, aunque es temprano para saber si me equivoqué o no, al menos tengo algo de preocupación.

Pensé en ese momento que los políticos europeos simplemente engavetarían el asunto para no recuperar el interés más nunca. Pero no ha pasado un año y ya es evidente que hasta la Canciller alemana Angela Merkel está detrás de los intentos por revivir al monstruo (triste Europa aquella en que Angela Merkel es considerada liberal).

Pero ahora ha relucido que en esta ocasión no someterían el documento a la ratificación popular en referendos (al menos, es lo que parece indicar el gobierno francés), sino que simplemente lo ratificarían en sus respectivos Parlamentos. Están aprendiendo del camarada Stalin, no hay que arriesgarse mucho con eso de “respetar la voluntad popular”, que es tan sólo un slogan útil para los tontos, y que convenientemente puede usarse cuando se vislumbra favorable el resultado del plebiscito, para en cambio ser omitido cuando las masas están equivocadas y requieren que los sabios del Politburó, eh perdón, del Parlamento, las guíen.

Aún creo que la Constitución europea está muerta, al menos clínicamente muerta. Pero igual de muerto estaba el cadáver (o los cadáveres) a partir del cual el (ficticio) Dr. Frankenstein (modelo que aplica muy bien al cientifismo socialista y su religión-mesiánica-disfrazada-de-ciencia del materialismo histórico) recreó no ya un ser humano, sino un monstruo.

En fin, decía que la creo muerta, pero falta por ver...