sábado, enero 21, 2006

Restricciones al trabajo de extranjeros: un freno al desarrollo

Jaime Raúl Molina
Publicado en Diario La Prensa, 14 de abril de 2003.

En Panamá tenemos toda una serie de leyes que impiden el trabajo a los extranjeros. Prácticamente todas las profesiones liberales exigen la nacionalidad panameña para poder ser ejercidas en nuestro país. Y esto se extiende a otras muchas actividades y oficios. Y el Código de Trabajo establece la protección del trabajo de los nacionales, de tal manera que para que un extranjero pueda trabajar en Panamá, se exige una serie de requisitos que desaniman a muchas empresas que desean contratar extranjeros.

La pregunta es: ¿Se beneficia o se perjudica la economía y el desarrollo nacional con este proteccionismo laboral? Obviamente la razón de ser de dicho proteccionismo es precisamente la defensa de la mano de obra panameña. Pero en la práctica, con esto sólo se logra limitar las opciones de desarrollo del país.

En otros países se busca activamente atraer el trabajo extranjero, especialmente el trabajo calificado. En Estados Unidos, por ejemplo, no se exige la nacionalidad para el ejercicio de las profesiones. Un abogado panameño puede tranquilamente irse a Estados Unidos a ejercer la profesión, siempre y cuando cumpla con los exámenes de conocimiento y sea admitido al ejercicio de la profesión, mismos requisitos que tiene que llenar un norteamericano. En otras palabras, no hay discriminación por razón de nacionalidad. Lo mismo aplica para todas las profesiones (médicos, ingenieros, arquitectos, economistas, etc.) y oficios.

¿Y cuál es el resultado? Pues para todos es conocido el nivel de desarrollo intelectual, científico, profesional y tecnológico de los Estados Unidos. Incluso, muchísimos de los grandes logros científicos atribuidos a los Estados Unidos fueron hechos posibles gracias al aporte intelectual de extranjeros en dicho país: el Proyecto Manhattan, del cual surgió la bomba atómica, estaba dirigido e integrado por científicos extranjeros. El desarrollo de la tecnología de cohetes en que hoy día se basa el proyecto espacial y los lanzamientos de satélites, fue desarrollado y dirigido para los americanos por Werner von Braun, científico alemán que fue capturado por los norteamericanos al final de la Segunda Guerra Mundial y quien luego trabajó para éstos. ¿Se imaginan cómo hubiese sido el proyecto espacial si los norteamericanos hubiesen adoptado políticas de proteccionismo laboral, como aplicamos en Panamá?

Mientras los nazis forzaban a genios como Albert Einstein (quien era judío alemán), a huir de Alemania, precisamente por el nacionalismo racial, los americanos abrían sus puertas y recibían con brazos abiertos a todos estos científicos. ¿Y quién ganó la guerra? Pues les cuento que no fue el país que aplicaba políticas laborales chauvinistas. De hecho, sin las contribuciones de Einstein (E=MC2), la bomba no hubiese sido construida. Ironías de la política: los americanos y el mundo entero tenemos mucho que agradecer a los nazis el que éstos fuesen tan obtusos.

Robert Oppenheimer, Albert Einstein, Madeleine Albright, Charlie Chaplin, Enrico Fermi, Nicola Tesla, y otros muchos empresarios, científicos, artistas y profesionales que en algún momento fueron inmigrantes extranjeros, contribuyeron y continúan contribuyendo al desarrollo científico, tecnológico, profesional, académico y económico de los Estados Unidos. Y las compañías norteamericanas no tienen reparo alguno en contratar extranjeros, porque saben que el conocimiento y la productividad no tienen nacionalidad.

En Panamá, en cambio, cerramos las puertas al conocimiento, puesto que preferimos encerrarnos en una concha de ignorancia, antes que abrirnos al crecimiento intelectual. Y esto obviamente tiene repercusiones económicas, ya que muchísimas empresas que han tenido interés en establecer operaciones en nuestro país, han desistido de hacerlo precisamente al enterarse de que se les impediría la contratación de trabajadores calificados extranjeros.

Hay en nuestro país, sin embargo, un ejemplo del fenómeno contrario, es decir, de apertura intelectual. Es el Centro Bancario. Cuando a principios de la década de los años ’70 se estableció el Centro Bancario, se permitió ampliamente a los bancos internacionales traer a sus propios trabajadores extranjeros. Dado que el Centro Bancario estaba siendo creado, no había en Panamá una fuerza laboral experimentada y especializada para atender este negocio. Era necesario permitir la entrada de banqueros extranjeros para que se diera el desarrollo del sector.

No obstante, hoy día la enorme mayoría de los empleados en el Centro Bancario son panameños, debido a que gradualmente éstos fueron aprendiendo de los extranjeros y llegaron eventualmente a desplazarlos. Los bancos internacionales comenzaron a ir reemplazando a sus empleados extranjeros por trabajadores panameños, que ahora estaban muy bien capacitados. Como se sabe, el sector de banca en Panamá es el que cuenta en promedio con los mejores salarios en el país.

Pero otros sectores en los que no hubo nunca la apertura que sí hubo en el Centro Bancario, no cuentan ni con el crecimiento económico, ni con la empleomanía, ni con los altísimos salarios con que éste cuenta. Entonces, ¿dónde queda eso de que los impedimentos al trabajo extranjero favorecen el trabajo de los nacionales?

Increíblemente, si hoy día tuviésemos la oportunidad de que Albert Einstein viniese a Panamá a dictar clases de Física en la Universidad de Panamá, nuestro país rechazaría a este eminente científico, dado que no es panameño, y hasta en la Universidad de Panamá, supuesta fuente de conocimientos en que se aprende de primera mano el valor universal del conocimiento, se exige la nacionalidad panameña para ser profesor.

Esta política es reconocida por las autoridades como contraproducente. Existe el régimen de las zonas procesadoras para la exportación, en que estas restricciones al trabajo extranjero han sido sustancialmente inhabilitadas. Entonces, si es bueno atraer trabajadores extranjeros para las zonas procesadoras, ¿por qué es malo para el resto del país? Si en el caso de las zonas procesadoras se ha considerado que permitir el ingreso de trabajadores extranjeros es necesario para hacer atractiva la inversión extranjera, entonces, ¿no aplica el mismo principio a otros sectores no beneficiados con este régimen?

Pero lo peor de todo es que esta tendencia chauvinista sigue ganando terreno. Ahora escuchamos que en la Asamblea Legislativa se vuelve a proponer el proyecto que obligaría a las escuelas, tanto públicas como particulares, a utilizar solamente libros de texto de autores panameños. Claro, como las Matemáticas de Panamá son distintas a las Matemáticas de México, es justo y necesario que el autor del libro sea panameño, no vaya a ser que a nuestros hijos les inculquen fórmulas extranjeras que puedan nublar su cerebro.

Y como la Biología en Panamá sigue leyes totalmente distintas a las que dicha ciencia establece en otras latitudes, pues prohibamos los libros extranjeros y reinventemos una nueva Biología panameña. Tendremos que buscarnos un Watson y un Crick criollos que redescubran para nosotros una nueva molécula de ADN, 100% panameña.

Pobre Panamá: hace ya mucho tiempo que el chauvinismo, la ignorancia y la mediocridad te tienen secuestrada y sumida en la pobreza.