miércoles, enero 25, 2006

El Estado no es amigo de la armonía comunitaria

La familia, la comunidad son los verdaderos entornos de la libertad. A medida que mayor sea el número de personas en un grupo, menor coincidencia de intereses habra entre ellos. Es una constante certera. Evidentemente, el Estado-Nación esta forzado a estar lleno de contradicciones de intereses de las personas, de las comunidades, de los grupos religiosos, etc. Esto, a diferencia de la comunidad pequeña, donde las diferencias de intereses son mínimas y generalmente no-contradictorias.

El intento de recrear en el Estado-Nación las condiciones favorables existentes en la pequeña comunidad (amiguismo, solidaridad genuina, sentido de pertenencia, sentido de responsabilidad hacia los compañeros, a quienes se ve como parte de una "gran familia") está condenado al fracaso. Ha sido intentado muchísimas veces, pero el genuino espíritu de cooperación no puede ser impuesto por decreto.

Bertrand De Jouvenel ha desarrollado de forma muy interesante cómo se da ese proceso sociológico-político de creciente centralización hacia el Estado, de las funciones sociales que originariamente cumplen la familia y la comunidad. La militarización juega un papel importante en debilitar los vínculos familiares. Al principio esto es visto como una "liberación" por el hijo militarizado que al regreso de sus campañas, no desea regresar a la patria potestad de su pater familias. El mensaje enviado es: "tú no necesitas tanto a tu padre para protección y provisión de tus necesidades. Para eso estoy yo, el Papá-Estado."

Y de allí va surgiendo todo: funciones sociales originalmente cubiertas por la familia y la comunidad, el Estado las va "expropiando" en su provecho. Al principio esto es más o menos popular, porque el Estado pareciera con ello liberar al individuo de las "pequeñas tiranías" a que se ve expuesto a diario. El Estado le vende la idea de que el individuo todo lo puede, sin tener que estar sometido a las ataduras de la familia, comunidad, religión. Lo que no se ve de inmediato, pero necesariamente resulta a la larga, es que eso viene con un precio, cual es que en lugar de tener que enfrentarse a una multiplicidad de poderes sociales para la satisfacción de sus necesidades, el individuo ahora se ve enfrentado a un sólo Leviatán. Ese gran leviatán ahora ha acumulado muchos poderes que antes no estaban acumulados en una sola entidad, por lo cual necesariamente el poder total que ahora tiene el Estado es muy mayor a la simple suma aritmética de los poderes que antes tenman distintos entes sociales. El poder se hace verdaderamente absoluto allí donde esta más acumulado.

Sólo hay que ver que en los países de Europa, donde más grande es ese Papá-Estado y más funciones sociales tiene que antes hubieran correspondido a la familia o la comunidad o la congregación religiosa, en esos países es donde más precaria esta la institución de la familia. En Suecia la gente ni se casa para tener hijos. Es más, ni siquiera tienen hijos. Las organizaciones voluntarias para cualquier obra no lucrativa, son escasísimas, comparados con Estados Unidos, por ejemplo.

En resumen, el individuo necesita vivir en sociedad, no puede vivir sólo. Esto es una verdad de perogrullo que ni siquiera hay que discutir. El punto es que es más probable que el individuo se sienta a gusto en una sociedad en la que los demas individuos tienen intereses muy similares a los suyos, que en una sociedad de extraños. Es irrelevante quién tiene la razón en cuál es el mejor tipo de música, si los que gustan de la salsa o los que gustan del rock. Es natural que los salseros quieran juntarse con otros salseros para bailar, y los rockeros con otros rockeros para escuchar música. Si uno fuerza a todos a juntarse en un supergrupo de aficionados musicales, el resultado sera menos satisfacción para todos, menos armonía social, y más conflictos interpersonales.

Como dice un refrán en inglés: "good neighbors need good fences" (buenos vecinos requieren buenas cercas). La libertad de asociación implica el derecho a discriminar, según el criterio que a cada individuo se le antoje, con quién se asocia y con quién no. Cuando el Estado se mete a decir qué criterios son validos y cuáles no, está generando asociaciones forzadas, en las cuales la inevitable consecuencia sera más discordia, más contradicciones interpersonales, más conflicto social. Lo cual, a su vez, hace más necesario al Papá-Estado que venga entonces a separar a los “niños” que se están peleando. Puede que el proceso no sea consciente de parte de los legisladores, pero el resultado es el mismo.